viernes, 30 de marzo de 2012

"The crow, the owl and the dove"

He tenido una semana tan ajetreada que me había olvidado por completo de actualizar mi Diario.
Sin embargo, hoy me alejo un poquito de la típica información que os suelo ofrecer para traeros un proyecto personal que necesito que veáis. Es un videoclip (grabado y editado por mí) que he presentado a un concurso de Nuclear Blast.
     Por supuesto, no se trata de un trabajo profesional (aún no dispongo de medios a mi alcance como para permitirme un resultado más pretencioso...) y es totalmente sin ánimo de lucro. Tan solo aspira a intentar alcanzar el podio, pero he de confesar que los puestos están muy reñidos. Hay otros concursantes de igual o mayor calidad al mío, en cuanto a storyline y en cuanto a montaje/edición/aspectos técnicos.
Pero como una lo último que pierde siempre es la esperanza y la ilusión, os adjunto el vídeo de youtube para que podáis disfrutar del montaje final. Espero que os guste, pero no puedo pedir que os emocione.

     Las reglas del concurso dictan que el vídeo ganador será elegido por la propia banda, Nightwish, conjuntamente con la discográfica Nuclear Blast. Sin embargo, también se tendrá en cuenta el gusto del público, por lo que las visitas y los "likes" resultarán cruciales a la hora de tomar un veredicto. Los vídeos ganadores serán subidos a la cuenta oficial del grupo y además, sus creadores, tendrán la oportunidad de conocer a los integrantes de la famosa agrupación finlandesa de metal sinfónico.
Reconozco, abriéndome un poco a vosotros, que obtener ese premio para mí sería cumplir uno de mis grandes sueños, pues soy fan de su música desde que era una criaturilla adolescente. No tengo muchas expectativas de victoria, pero eso no quita que me anime la idea de que unos de mis grandes ídolos puedan visionar mi videoclip (aunque tampoco sea, realmente, una opción muy probable).

Aquí os dejo el vídeo y el enlace (se disfruta mejor en pantalla grande). Espero que perdonéis mi humilde spam.



¡Un gran abrazo!

jueves, 22 de marzo de 2012

Mis escenas favoritas: De Niro también baila al son del cancán

Me metí de lleno en el tema con la anterior entrada de esta sección, así que voy a aprovechar la línea y a poneros otra divertida escena del estilo. No quiero hablar mucho sobre ella, porque de nuevo, las imágenes hablan por sí solas y prefiero que permanezca su pureza en el mayor grado posible. La sorpresa es mejor cuando es mayor.
  Os la introduzco un poco hablando sobre la película en cuestión a la que pertenece la curiosa secuencia, "Stardust", una cinta que mezcla fantasía, aventura, entretenimiento, comicidad y un pequeño toque de romance. 
  El reparto hace las delicias del todavía un poco nuevo director Matthew Vaughn (Snatch, cerdos y diamantes; Kick-ass; X-Men: Primera generación), trabajando hombro con hombro con actores de tanto renombre  como Michelle Pfeiffer, Claire Danes, Ian McKellen, Peter O'Toole, Mark Strong e incluso el sinvergüenza de Ricky Gervais. Pero si hay que señalar una actuación estrella, aunque este hombre casi en cualquier película se merece ver escrito su nombre en en mayúsculas y subtrayado, es la del brillante Robert De Niro. En esta ocasión da vida al capitán Shakespeare (la originalidad del nombre tiene su historia), un temido y cruel pirata, que surca los cielos junto a su sanguinaria tripulación. Su reputación le precede y el último deseo de cualquier mortal sería toparse con él. Sin embargo, los protagonistas sufren la terrible fortuna de acabar atrapados en su barco.


   Poco a poco el capitán se abre emocionalmente a nuestros héroes y descubrimos sus inquietudes, sus miedos  y también sus gustos... Pero el postre es servido directamente al espectador, con esta sabroso momento en el que podemos descubrir una nueva faceta del actor que se aleja bastante de su habitual imagen de oscuro, violento y amenazador (si me apuras, no hay un solo hombre en este mundo que no se haya sentido aterrorizado por la idea de encontrarse con un suegro tan preocupante como De Niro en la saga de "Los padres de ella").
  Sin más demora, aquí os dejo el vídeo:



    Para mí, lo mejor es la cara de Mark Strong cuando se encuentra de lleno con tal panorama.
    Bueno, ahí tenéis la moraleja, no os dejéis llevar por la reputación de las personas y vivid siendo siempre fieles a vosotros mismos. Citando al propio capitán, "la reputación de un hombre se construye durante años y puede destruirse en un segundo".


lunes, 19 de marzo de 2012

Mis escenas favoritas: Dulce travestismo

Hoy os traigo una escena musical muy especial e insólita. "The Rocky Horror Picture Show" no es un film que el espectador común tenga en su listado de películas vistas o pendientes de ver. Sin embargo, contra todo pronóstico y cifras de recaudación, los años la convirtieron en una película de culto que hasta hoy día se continúa proyectando de manera esporádica en algunas salas.
   Para cualquiera que se atreva a verla, aviso que su delirante y lunática trama, así como los carismáticos y volubles personajes, no dejan a nadie indiferente. 
   En concreto, el personaje que se hace completamente con la película, desde su primera aparición hasta su melodramático final, es el doctor Frank-N-Furter. Lo que os pongo aquí hoy no es otra cosa que su tarjeta de presentación.
   Para meteros un poco en situación, un hombre (Barry Bostwick) y su prometida (Susan Sarandon) se pierden en el medio de la nada cuando su coche se estropea bajo una tormenta. A lo lejos, ven una mansión, a la que deciden acercarse con el fin de pedir ayuda. No obstante, jamás habrían podido imaginar lo que encontrarían en aquella extraña casa... 


   Todo el carácter enigmático y el misterio del doctor queda revelado en la siguiente secuencia, tan brillante e ingeniosa como demente y estrambótica. Os pido que la veáis antes de seguir hablando sobre ella, porque cuando se trata de imágenes así, las palabras sobran mucho:



    No la encontré subtitulada en español, una lástima, porque la letra es bastante ingeniosa. Y no os molestéis en buscarla en castellano, porque nunca daréis con ella. Esto se debe básicamente a que, evidentemente, con todo lo que se estaba cociendo en la década de los 70, no hubo ni una productora que se aventurase a estrenar esta película en nuestro país. Así que, hasta donde yo sé, no encontraréis "The Rocky Horror Picture Show" doblada en español, solo en V.O.S. (mejor).

domingo, 18 de marzo de 2012

Tim Burton se une a la moda de los vampiros en "Dark Shadows"

   Faltaría más. El director más gótico, romántico y oscuro no podía pasar esta racha sin ofrecer su propia creación sobre el mundo vampiresco. Aunque quizá esa expresión no sea la más acertada, porque el nuevo proyecto (ya en post-producción) del cineasta se basa en una serie de los sesenta emitida por la ABC. La originalidad y singularidad de Burton se une también a la moda de Hollywood de los remakes y las versiones.
Qué jovencito se ve a Depp en este fotograma
   Pero es de esperar que este director, siempre sorprendete a bien o mal, nos enseñe algo nuevo y rebosante de su estilo personal en su próxima película, "Dark Shadows".
   De momento, los primeros trailers y poster de la cinta nos dejan buen sabor de boca. Fiel a sí mismo, Tim Burton parece querer entregarnos una estética entre "Sweeney Todd" y "Big Fish" (el colorido del poster es estimulante).


  Cómo no, el actor protagonista no podría ser otro que su actor fetiche, Johnny Depp, que se pone en la piel de Barnabas Collin. Mucho estarán ya cansaditos de tanta colaboración, pero no me podéis negar que es una combinación explosiva y pocas veces decepcionante. Además, se hace patente el buen rollo que hay entre ambos y eso se nota en el exitoso resultado.
  Acompañan al camaleónico actor otras habituales, como Michelle Pfeiffer o Helena Bonham Carter.
  Para que sepáis un poco de qué va la historia, os pongo el recién estrenado trailer (en inglés, lo siento). Mientras esperamos al estreno de "Dark Shadows" (en abril lo hará en los EEUU, en España, no tengo ni idea...), solo queda desear que se pase por fin esta moda de los vampiros que tan saturados nos tiene (y aún queda pendiente de estreno la segunda parte de "Amanecer", que Dios nos pille confesados...). Unos cuantos años de descanso y respiro no estaría mal, así el género podría regresar con más fuerza y nuevas ideas. Pero, por favor, no más vampiros adolescentes hormonados por ahora.

 

Videoclips: sexo, religión y rock'n'roll

Se ha convertido ya casi en una costumbre que los artistas actuales nos sorprendan con símbolos o referencias religiosas en sus videoclips, no sin el acompañamiento de una leve polémica que suele favorecer la venta de singles y álbumes. No obstante, hace tan solo un par de décadas la primera artista que se atrevió con un contenido irreverente, sugerente y religioso, fue objeto de numerosas críticas e insultos por parte de la comunidad cristiana (que no es poca).
   Todos la conocéis. Proclamada muchas veces como la reina del pop, una joven e inmadura Madonna se atrevió a realizar un videoclip de tema y localizaciones religiosas, con una lectura muy sexual.
  ¿Queréis saber toda la historia que existe detrás de la poderosa producción de Like a prayer? ¡Primero echad un vistazo al vídeo!



   En cuanto a la realización del vídeo, Madonna asumió el liderazgo y obtuvo una clara demostración de cómo llegó a ganarse su título. Si unos pocos años atrás, en el ochenta y tres, Thriller unió el cine y la música en un perfecto género artístico, la cantante supo sacarle partido. Otros vídeos suyos anteriores a este ya se colocaron al frente de la vanguardia musical, pero con Like a prayer, primer sencillo del álbum del mismo nombre, Madonna quiso ir un paso más adelante. El vídeo posee un montaje muy delicado, con planos muy novedosos y un argumento muy osado. Y es en la historia que esconden las transgresoras imágenes dónde surgió la raíz del problema.
 
    A la Iglesia no solo le mosqueó la continua aparición de elementos religiosos en el vídeo. Porque, si os habéis parado un momento a analizarlo, nunca nadie antes se había aventurado a mostrar cruces ardiendo en  una pantalla. Incluso lo del santo negro ya era un poco fuerte para la época, lo creáis o no (estamos hablando de hace casi treinta años). Pero lo peor se ocultaba tras la ofensa visual, en el sentido del clip.

Videoclips: El primer videoclip de la historia

¡Buenos días! Hoy me he despertado muy musical, así que aprovecho para darle un empujón a esta sección (si los medicamentos me des-espesan un poco y la fiebre me da tregua).
   Hoy plantearé una cuestión por la que muchos de vosotros seguro que os habréis interesado alguna vez. 
¿Cuál fue el primer videoclip de la historia de la música? 
    Hoy día, en plena era de la información, creeréis que es una respuesta de muy fácil solución. Tan sencillo como echar la vista atrás, comparar fechas y señalar al elegido. Pero la complicación surge a raíz de preguntarnos qué podemos considerar como vídeo musical.
    Elvis, The Beatles y otros grupos de las primeras generaciones del pop y el rock ya realizaron grabaciones de la interpretación de sus temas en directo. Sin embargo, el montaje del vídeo se limitaba a mostrar a los músicos tocando desde varios ángulos y algún plano espontáneo a un público entregado. Hasta que llegó Strawberry Fields Forever:



   Durante años, este ha sido considerado como el primer videoclip de la historia. Muchos siempre han creído que lo fueron Video killed the radio star o Bohemian Rhapsody por las distintas perspectivas que ofrecían y la repercusión de los mismos. Pero no. Una vez más, el grupo británico más importante del pop, fueron los oficiales fundadores de lo que hoy entendemos como vídeo musical.
   El clip, muy confuso y verde en la composición, el montaje y el estilo, jugaba con diferentes imágenes, colores y efectos tan desconcertantes como bizarros. Los fans de Coldplay sufriréis muchas reminiscencias si os atrevéis con el extraño vídeo (la banda liderada por Chris Martin demuestra una vez más que van un poco faltos de originalidad, pero no de buenísimas influencias).

martes, 13 de marzo de 2012

Crítica: "John Carter"


Antes de comenzar el blog, en una declaración de principios personal en cuanto a este espacio, prometí ser lo más sincera y cercana posible. Aunque a veces me pase con los tecnicismos o las cuestiones artísticas, un amigo mío me confesó hace unos días que gracias a eso (que yo consideraba un defecto de cara a la aceptación y el entendimiento de los lectores) estaba aprendiendo un montón sobre cine. Espero que muchos de vosotros compartáis esa opinión y a los que no, lo siento, pero a raíz de esa conversación me parece una maravillosa iniciativa continuar con mi personal modo de redacción.

     Sin embargo, los lectores debéis saber que en una crítica (literaria, de cine, de música, de cualquier cosa) nunca se va a tratar una cuestión que se pueda valorar desde la imparcialidad. Somos personas, y por mucho que os intenten vender la moto, nuestras opiniones y gustos siempre influirán sobre nuestro supuesto criterio objetivo. Cierto es que siempre tratamos de empatizar, de observar los productos desde fuera de nosotros mismos… Pero lo veis todos los días: en la televisión, en la radio, en lo periódicos, hasta en los informativos… No existe la objetividad perfecta en la comunicación.
   Hasta nuestro estado físico contribuye a la dirección de la perspectiva de una crítica. Por eso, hacednos y haceros un favor a vosotros mismos, tomándoos nuestras valoraciones como una mera opinión (desde un punto de vista, quizá, más completo y entendido)  sobre el arte. Probad, experimentad, comprobad. El arte está vivo y juega con nuestras perspectivas y emociones personales. No os fieis nunca al cien por cien de una crítica cinematográfica y si tenéis interés especial sobre una producción en particular, no os echéis para atrás por un par de calificativos negativos que leáis.

   Os animo a que vayáis al cine. O ya, ni eso, a que veáis cine, por vosotros mismos (sea como sea, no entraré en cuestiones de legalidad o derechos). Nuestras palabras son tan solo unas guías para ayudaros a entender, a disfrutar o a visionar con mayor integridad una película. En mi caso, además, suelen ser una motivación para invitaros a visitar las salas, por eso suelo ser tan positiva y bondadosa en mis calificaciones finales.
   Esto no significa que no podáis fiaros de vuestro instinto o del “boca a boca”, siempre que estéis bien informados. “The Artist”, galardonada con cinco Oscars, se ganó también a la crítica desde el primer segundo de metraje proyectado. Aun así, muchísima más gente de la que creéis (e incomprensiblemente) salió más que decepcionada de sus respectivos cines, hasta el punto de reclamar su dinero. Como dictamina el saber popular: para gustos los colores.
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   Después de esa parrafada humilde, pesada y honesta, comienzo la crítica de la nueva película de la Disney: “John Carter of Mars”. Os pongo en situación y confieso a qué narices venía todo lo dicho: durante la proyección de la película me dormí. Esto no significa que “John Carter” sea la cinta más soporífera de la década. Mi pequeña cabezada esporádica fue tan solo una desafortunada consecuencia del increíble cansancio que padecía esa noche, que no me permitió disfrutar en su totalidad de los seis euros que pagué.
   Así que antes de leer mi opinión, tened en cuenta que a lo mejor gran parte de mi valoración queda ensuciada por el hecho de que no estaba yo en muy buenas condiciones de pasar aquel viernes-noche encerrada en una sala de cine penumbrosa.


   Ya os hablé hace unas semanas sobre estaproducción que ha surgido de la enésima unión del ratoncito y la lamparita. Entonces os hablé sobre la sinopsis de la misma, si mal no creo recordar. Así que en vez de repetirme, que ya lo hago bastante, hoy os diré quien es el responsable de esta criatura que fue dada a luz en nuestro país la semana pasada.
   “John Carter”, como la han bautizado nuestros compatriotas, o “John Carter of Mars” (título original de la cinta) está basada en una de las obras del magnánimo Edgar Rice Burroughs, que a muchos os debería sonar por ser el creador del personaje de Tarzán. En esta ocasión, los hollywoodenses han adaptado, si no me equivoco, “A princess of Mars” (“Una princesa de Marte”), en la que el escritor elaboró toda una cultura y fauna marciana de la que luego beberían casi todas las obras de ciencia ficción (“Star Wars” es una de ellas).
   En cuanto a la adaptación, me fío del criterio de mi padre (que ha leído la novela), que dice que no está nada mal.
   De la dirección de la misma se ha ocupado Andrew Stanton, aquel ser al que deberíais adorar por llevar al celuloide fabulosas perlas de la compañía como son “Buscando a Nemo” o “Wall-E”. Esta vez se atrevió con su primer film de animación parcialmente real, pero con evidentes guiños Pixar.
   Para el tratamiento del CGI y la animación digital no puedo encontrar otra descripción más certera y breve: impresionante. Se disfruta mucho del 3D, al contrario de lo que otras veces ha podido llegar a ocurrir con algunas producciones recientes, y los afortunados que la visionen en IMAX van ha flipar en colores. Toda esa millonada invertida en los aspectos visuales está más que justificada tras pasar por la sala. Disney debería enorgullecerse de ser el primero que nos transporta a Marte, porque verdaderamente el espectador se integra al completo en la película.


   Los tharks son los seres verdes más simpáticos y carismáticos que he visto nunca en la ciencia ficción. El mérito probablemente sea de Burroughs, pero como no lo sé, yo se lo agradezco a Disney, ya un experto en crear nuevas y criaturas y seres para el recuerdo, por su carácter, sus costumbres, su aspecto físico y demás.
  Todo bien hasta ahora, pero nos adentramos en el escarpado terreno del guion y el montaje…
    Sobre el guion, yo tengo muy claro qué es lo que falla. En sí, la historia es entretenida, divertida en ocasiones (tiene sus puntos de humor muy bien calculados), romántica y muy disfrutable. ¿Qué ocurre? Que estamos ante la voz del eco de tantas obras cinematográficas que estamos hasta hartos de ver… Y eso priva a “John Carter” de una personalidad propia. Otras cintas anteriores, que poseen múltiples referencias o han estado inspiradas en esta novela de Burroughs, le han robado la esencia, y nos dejan frente a una película muy visual con un trasfondo tan repetido y obvio que… se hace insulsa. Lo único que me sorprendió, dejando aparte el primer contacto con el extraordinario mundo de Barsoom, fue el final, pero a cualquier podría resultarle predecible (a mí no, ya os digo).
    La historia de amor entre John Carter y la princesa Dejah Thoris, aunque se entrevea desde la primera mirada que cruzan, resulta muy precipitada. A la primera de cambio ya se están besando y aunque ambos actores son muy atractivos, al público estoy segura de que se le hace increíble tanta y tan temprana pasión.


   A los “malos de la historia” les falta profundidad y desarrollo. No sabemos en ningún momento y con exactitud qué les mueve a hacer lo que hacen, ni siquiera inclus cuando tratan de explicarlo. Y tanta cuestión política a veces se hace algo confusa, culpa del montaje. Un montaje, os adelanto, denso, con un desarrollo lento a excepción algunos momentos muy brillantes, repletos de épica.
   Taylor Kitsch interpreta a un John Carter algo plano, emocionalmente. Además, en cuanto llega a Barsoom pierde muchísima carisma, pero hay que reconocer que su presencia nunca se ve del todo eclipsada por ningún otro personaje. Es el máximo protagonista y siempre se hace notar con una fuerza atractiva muy importante. Lynn Collins, la princesita de Marte Dejah Thoris, está maravillosa. Un poco niñata inmadura y caprichosa al principio, pero precisamente estos defectos la convierten un personaje muy creíble (¡basta ya de héroes perfectos y desinteresados!). Además, es guapísima. 

    Willem Dafoe pone voz y movimiento al jefe de los tharks, Tars Tarkas. Él único personaje que puede presumir de liderazgo y poderío. Del resto, solo puedo destacar a Mark Strong, que siempre hace de malo y me tiene muy harta. Es impresionante siempre, un grandioso actor, pero ¡qué nos deleite ya con una interpretación un poco alejada de su registro habitual…! Algunos queremos verle brillar.


   Gran parte del elemento épico lo aporta la banda sonora, que en tantos momentos me recordó a Hans Zimmer, aunque su auténtico autor es Michael Giacchino (de cuya música yo me enamoré cuando trabajaba en la serie Lost).
En resumen, recomiendo esta película a cualquiera que disfrute con la buena ciencia ficción. Pero tened todos en cuenta que se trata de una cinta muy superficial, aunque épica a momentos.  Eso sí, yo la considero perfectamente entretenida y disfrutable.

     Como una última curiosidad, quiero señalar que la producción de esta película lleva en mente en la Disney desde los años 30 del siglo pasado. Si se hubiera realizado entonces, puede que hubiese ganado muchísimos puntos a su favor… Pero esto es lo que tenemos, y para qué mentir, no está nada mal.


CALIFICACIÓN: 6